
Descubro, de la más infeliz manera, que
el olvido muchas veces no viaja con el adiós.
Encuentro, de la más sencilla manera,
embustes en mi librero; estos números
que no cuadran, cuesta arriba se hace el día
y a falta de tus costillas, cuento barrotes
en mis ventanas.
Me pregunto de qué extraña manera,
un adiós tan nuestro y callado lo fue
a saber un tal Sabina, quién se atrevió
a contárselo a Cortázar. Porqué mi lagarto
está en huelga de hambre.
Pena siento al ver afanoso el viejo
estéreo buscando la manera de hacerme el
infeliz; que alguien le diga, por amor de Dios,
que no existe ¨nuestra canción¨
pasan las tardes, se sigue poniendo
el sol, sigo inmerso en vanidades,
acaso perder unos kilos; con tanta prisa
no he tenido tiempo para llorarte.
Que alguien me abofeteé, por favor y me
diga que debo sufrirte.
Que la vecina entrometida pregunte
por ti; quiero encontrar a quien decirle
que te has ido para siempre.


